Un breve resumen de la trayectoria de Alethéa con su marca Allethea Mattos

Estoy tardando meses en escribir este post. Es un compendio de artículos de periódicos que tenía guardados desde 1993. No está todo lo que hice, pero tengo cariño en conservarlos como registro del camino recorrido.
El año pasado estuve en Río de Janeiro para despedir a mi padre. Visitando a mis tíos, mi tío Ricardo me mostró una caja con fotografías familiares y, entre ellas, apareció el primer recorte de periódico de mi participación como modelo en una exposición en 1993. Antes de empezar la carrera de moda, hice un curso de modelo en el SENAC. Era muy tímida, tartamudeaba y no me veía capaz de hacer teatro. Ese curso me dio herramientas para confiar más en mí y, al mismo tiempo, fue un puente hacia mi verdadera vocación: la moda. A veces necesito mirar hacia atrás para ayudarme a crear mi camino futuro.
Ahora, como artista —quizás bajo la definición de multidisciplinar o visual—, lo que realmente quiero es ejercer mi libertad creativa: explorar mis límites, contar mis historias desde otros medios y manifestar inquietudes que van más allá de tejer otro vestido.
Desde que vine a vivir a España en 2007, he regresado muy pocas veces a Brasil. La última visita había sido en marzo de 2019, un viaje organizado con prisas durante las vacaciones de carnaval. Estuve en la ciudad con mi hija. Por fotografías y videos percibía que mi padre no estaba bien y necesitaba tener la oportunidad de verlo… Fue, en verdad, la última vez que lo vi con vida. Tres meses después de esas breves vacaciones en Río, mi hijo de 7 años sí que partió.

Por más de veinte años, el crochet fue mi lenguaje para crear moda con alma. Bajo mi marca Allethea Mattos (1996–2024), cada pieza que tejí a mano nació de una búsqueda: transformar hilos en historias y vestir cuerpos con piezas únicas, donde lo artesanal se fundía con lo artístico. Más que prendas, eran gestos de identidad; diseños que dialogaban con texturas, memoria y afecto.
Hoy sigo honrando ese legado: cada puntada sigue siendo un acto de creación íntima y rebelde, un diálogo entre mis manos y el mundo. Pero necesito más: comunicar, hablar de inquietudes, dar voz a narrativas que van más allá de lo textil. Sigo tejiendo para mí, para mi deleite, o para aquellas personas con la sensibilidad de comprender la belleza de lo que se moldea con tiempo.
Ahora quiero hablar de identidad, tiempo y memoria. Cuestiones que están presentes en mis creaciones artísticas.
Un fragmento de mí.

El punto de partida fue luminoso.
Mi camino en la moda comenzó en 1996, cuando una de mis primeras creaciones desfiló sobre el cuerpo de Claudia Schiffer. Fue en São Paulo, durante el relanzamiento de Melissa por Grendene. Aquel instante —una prenda mía en una top model internacional— encendió algo profundo en mí: tuve claro que el tejido era un lenguaje, una extensión de mi forma de ver el mundo.

Un año después, en 1997, conocí a Iara Figueiredo, una mujer fascinante, libre y generosa, que se convirtió en una de mis primeras y más fieles clientas. Nos conocimos en el Mercado Mundo Mix, donde empecé a vender mi colección de forma independiente. Iara me eligió, y con ella comenzó una relación de amistad y confianza que me marcó profundamente. Ella me proporcionaba libertad creativa: con ella podía experimentar con formas, colores y patrones.
En 2001 conocí también a Eliane Pszczol, otra clienta muy importante, que veía el vestir como una forma de expresión personal. Su apertura a la experimentación me permitió expandir aún más mi lenguaje como diseñadora.


Durante esos años, mi nombre y mi trabajo comenzaron a aparecer en la midia: el «Jornal O Globo» y «Jornal Do Brasil» me señaló como una joven promesa, y mis colecciones desfilaron en la Semana Lucky Strike de Moda y en la Casa de Criadores, en Río de Janeiro. Eran espacios de riesgo y libertad creativa, donde podía experimentar y proponer un imaginario que mezclaba lo textil con lo emocional, lo artesanal con lo contemporáneo.





También vinieron las colaboraciones, cada una especial a su manera: trabajé con la tienda Contemporâneo, con la diseñadora Yame Reis, con programas de televisión como Malhação (Rede Globo), y con figuras como Luma de Oliveira en una colección en conjunto con la boutique Santa Efigênia. Creé piezas para Luis de Freitas, para el Club Chocolate, para Daslu, y compartí espacio creativo en la tienda colectiva Casa 7, en Ipanema.






Ver mis prendas en revistas como Quem Acontece, Caras, o en la portada de la revista Desfile —donde la bellísima Isabelli Santana llevó una blusa mía— fue como ver mis pensamientos más íntimos circular en el mundo, tomar forma, resonar en otros.




Entre hilos, colaboraciones y pasarelas, descubrí que mi verdadera materia prima era la emoción. Por eso, en los últimos años de esta etapa, me entregué también al trabajo editorial, como directora creativa de la revista ART&PONTO crochet, una colaboración con la Editorial Verbo, donde mi colección de crochet se transformaba en gesto artístico, en publicación textil, en una manera más de contar historias.




En 2007, un nuevo capítulo comenzó a bordarse en mi vida: recibí una invitación de ABIT y SEBRAE para formar parte de una delegación de marcas brasileñas que presentarían sus colecciones en la SIMM Madrid. Aquel viaje fue más que una presentación internacional; fue un punto de inflexión en mi vida. Poco después, fijé mi residencia en España, y desde entonces, mi atelier ha seguido siendo mi refugio creativo, mi lugar de resistencia poética y textil.


En marzo de 2008, llevé mi trabajo a MODAFAD Barcelona, un espacio de vanguardia donde los lenguajes emergentes de la moda dialogaban con la ciudad y su energía. Y en 2010, mis creaciones desfilaron en el BEC de Bilbao, llevando al País Vasco una estética que venía cargada de memoria, raíces y riesgo.


España me abrió otras puertas, y mis piezas comenzaron a habitar también el universo editorial. En abril de 2011, una de mis creaciones apareció en la columna Lo último de la revista Yo Dona, y ese mismo mes, El País, en su revista El Dominical, incluyó mis vestidos en una editorial que aún hoy me emociona. A finales de ese año, el Diario de Noticias de Navarra me dedicó una entrevista en su suplemento dominical Revista On (30/12/2011), en un gesto de reconocimiento que sentí como un abrazo a mi trabajo.






En 2016, el Diario de Navarra me incluyó en su sección Comercios Singulares (15/11/2016), donde compartí el latido cotidiano de mi atelier, ese lugar donde las ideas se transforman del hilo a la forma.
En 2017, colaboré con la revista Blogirls, una plataforma femenina e independiente que apuesta por lo auténtico, lo sensible, lo hecho a mano. Ese mismo año, también fui parte de la revista Actitudes Magazine (n.º 21, pág. 62), una publicación que celebra las vanguardias culturales —arte, diseño, arquitectura, moda— y que me hizo sentir, una vez más, en casa.






Hoy, después de tantos hilos, cuerpos y territorios recorridos, sigo profundizando mi práctica artística, abriendo nuevos caminos donde el textil se fusiona con la fotografía y la escultura. Trabajo desde la escucha, desde lo sensorial, desde una necesidad de traducir lo invisible: la memoria emocional, los gestos ancestrales, las narrativas que habitan los cuerpos y los objetos.
Este post no recoge todo lo que he hecho, pero sí reúne fragmentos significativos que he reencontrado en mi archivo: pequeñas huellas de un trayecto largo, hecho de encuentros, descubrimientos y creación. Es parte de mi investigación actual, donde lo íntimo también se vuelve materia para compartir.
Gracias por estar aquí y acompañarme en este tejido que no deja de crecer.
Alethéa Mattos

